domingo, 23 de enero de 2011

ATLETI


Te levantas por la mañana, ha sido una noche dura. Has bebido demasiado, y ahora te arrepientes: Te duele la cabeza, tienes el estómago revuelto, hay una mancha de vómito al pie de tu cama, y te da la sensación de que la habitación no deja de dar vueltas.
Llamas a tu jefe para decirle que te encuentras mal y no puedes ir a trabajar, pero te dice que ni de broma, y a pesar de tu mal estado vas a tu rutinario trabajo a escucharle gritar como un poseso.
Tras horas y horas de gritos que no surgen efecto debido a tu mal estado, tu jefe decide despedirte y dejarte en el paro en el peor momento posible: “menudo c….” piensas tú.
Al irte del trabajo llamas a tu pareja, a ver si te ayuda a olvidar tu mal día. Tras varios intentos sin éxito de llamarla o de mandarle mensajes, decides ir a su casa por si le ha pasado algo. Te encuentras la puerta abierta y decides entrar, ya que tenéis confianza de sobra, pero para tu sorpresa está enrollándose con alguien a quien conoció la noche anterior mientras tú vomitabas en los baños de la discoteca. Te dice que no te soporta más y que no quiere volver a verte.
Ya no puedes más, nada te podría ir peor, sin duda te has levantado con el pie izquierdo, aunque con la resaca no logras recordar ni eso. Entonces es cuando suena tu móvil. Esperanzado por si es tu jefe para readmitirte, o tu pareja para pedirte perdón; lo coges con tus temblorosas manos. Pero para tu decepción, en la pantalla del móvil aparece el nombre de tu amigo de toda la vida. Éste te recuerda que ayer le partiste la cara de un puñetazo, y que tampoco quiere volver a hablarte en su vida.
Esta es la gota que colma el vaso, el suicidio parece ya la única opción. Pero es entonces cuando te acuerdas: “coño, que hoy juega el Atleti”. Y a pesar de todo lo que te ha pasado, decides ir al Calderón, solo porque es parte de la rutina.
Y al llegar allí, salen los jugadores, y te encuentras totalmente rodeado de gente cantando: “¡Atleeeti, Atleeeti!!” No sabes muy bien por qué lo haces, pero como todos los domingos te unes a ellos, y empiezas a insultar al árbitro, y a animar a los jugadores, y de repente… ¡¡Gooooool!!
Sales de allí totalmente eufórico, el Atleti ha jugado un partidazo y ha ganado. Ya no te acuerdas de la mierda de día que llevas, y de lo que te espera. Ahora parece que todo se solucionará, y todo gracias al Atleti.
Quizás nos haga sufrir, y nos haga llorar, pero cuando juega el Atleti todo lo demás da igual. Animas, gritas, cantas… y al final sonríes si el Atleti gana aunque tu vida no pueda ir peor. Sinceramente, no creo que muchos equipos puedan tener este efecto sobre sus aficionados. Yo personalmente, no se explicar el sentimiento, pero se que es lo único que

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